Los puristas lo odiaban. "Hace todo, pero nada bien", decían. Los productistas lo amaban: "Termino en una hora lo que antes llevaba tres".
La última línea del archivo README decía: "Pack no es un programa. Es una navaja suiza cuyas cuchillas tú decides afilar." Y Elías, feliz, cerró la laptop, tomó su café recién hecho por Pack y sonrió.
Pack se volvió gratuito. La gente añadió plugins ridículos: un sintetizador, un modo novela visual para depurar, hasta un Tamagotchi que moría si dejabas un while(true) . pack programas todo en uno
:liberar al mundo
Pack no era solo un IDE, ni una suite ofimática, ni un centro de control del sistema. Era todo eso y más. Los puristas lo odiaban
Esa última pregunta hizo reír a Elías. Esa noche, mientras tomaba mate, añadió una nueva función: :modo barista . Conectado a una cafetera USB, Pack molía los granos justo cuando compilabas sin errores.
Fin.
—¿Es código abierto? —preguntaban. —¿Consume 12 GB de RAM? —¿Puede hacer café?